VERSíCULO
Jueces 6-7
¿Te preocupas mucho? No estás solo. Gedeón era un campeón angustiado. Siempre andaba preocupado, pero siempre hacía lo correcto cuando estaba preocupado. A ver si te puedes dar cuenta qué era.
Un día el Señor se acercó a Gedeón. El Señor empezó a decir que lo había elegido para rescatar a los israelitas de los madianitas malvados, pero Gedeón lo interrumpió y le dijo: “Dame una prueba de que realmente eres tú quien habla conmigo.”
Dios hizo una señal para tranquilizarlo. Entonces le explicó su plan para salvar a los israelitas. Una vez más, Gedeón se preocupó y dijo: “Si de veras me vas a usar para salvar a Israel, como tú mismo has dicho, voy a poner el cuero lanudo de una oveja en el lugar donde se trilla el trigo. Si por la mañana la lana está mojada de rocío, pero la tierra está seca, sabré que de veras vas a usarme para salvar a Israel, como tú mismo has dicho.”
Dios escuchó la preocupación de Gedeón, empapó el trozo de lana y dejó seca la tierra alrededor de ella. Al día siguiente Gedeón pidió a Dios que dejara la lana seca mientras que a su alrededor todo estuviera mojado. Dios lo hizo y finalmente, Gedeón creyó que era Dios quien estaba hablando.
Entonces Dios le dijo a Gedeón que condujera a 300 hombres contra los madianitas. De nuevo Gedeón estuvo preocupado, así que Dios le ordenó: “Levántate y baja a atacar a los madianitas, pues los voy a entregar en tus manos. Pero si tienes miedo de atacarlos, baja antes al campamento con Purá, tu criado, y escucha lo que digan. Después te sentirás con más ánimo para atacarlos.” Gedeón se arrastró hasta el campamento y escuchó al enemigo hablando de su temor a Dios. ¡Al fin, Gedeón estaba listo para luchar!
Una y otra vez, Gedeón estaba preocupado por lo que pudiera pasar. Estaba demasiado preocupado, pero en cada ocasión hablaba con Dios y le pedía ayuda. Y cada vez Dios lo tranquilizaba. Dios no se cansó de ayudar a Gedeón para que dejara de preocuparse.
Es lo mismo contigo. Cuando sientes que la preocupación se está apoderando de ti, cuéntale a Dios. Pídele que te ayude. Dios no le falló a Gedeón, y nunca te fallará a ti, tampoco.