VERSíCULO
Proverbios 26:17-21 Meterse en pleitos ajenos es agarrar a un perro por las orejas. Como un loco que lanza mortales flechas de fuego, así es quien engaña a su amigo y luego dice que todo era un juego. Sin leña se apaga el fuego, y sin chismes se acaba el pleito. Para hacer brasas, el carbón; para hacer fuego, la leña; y para entablar pleitos, el pendenciero.
¿Alguna vez has comenzado un incendio forestal… con tus palabras? ¿Cuánto sabes acerca de los incendios forestales?
En 1825, fuertes vientos y poca lluvia se combinaron para formar el fuego de Miramichi, en el que murieron 160 personas, dejó a 15,000 personas sin hogar, y quemó 1,214,100 hectáreas de tierra en Maine y en New Brunswick, Canadá.
En octubre de 1871, comenzó el fuego de Peshtigo (Canadá). Este fuego mató a unas 1.500 personas (800 sólo de la ciudad de Peshtigo-casi la mitad de la población) y destruyó 3,7 millones de hectáreas de tierra en Wisconsin y Michigan (USA). Pocas personas han oído hablar de este fuego (que mató a más personas que cualquier otro incendio desde entonces), ya que otro incendio también comenzó ese mismo día: El Gran Incendio de Chicago (USA).
En julio de 1988, un incendio forestal empezó en el parque nacional de Yellowstone, el cual quemó alrededor del 36% de todo el parque y no fue completamente extinguido hasta que nevó (en septiembre).
Nuestras palabras pueden ser tan peligrosas como una chispa que encienda a miles de hectáreas. El hermano de Jesús, Santiago escribió: “Lo mismo pasa con la lengua; es una parte muy pequeña del cuerpo, pero es capaz de grandes cosas. ¡Qué bosque tan grande puede quemarse por causa de un pequeño fuego! Y la lengua es un fuego. Es un mundo de maldad puesto en nuestro cuerpo, que contamina a toda la persona. Está encendida por el infierno mismo, y a su vez hace arder todo el curso de la vida. Pero nadie ha podido dominar la lengua. Es un mal que no se deja dominar y que está lleno de veneno mortal. Con la lengua, lo mismo bendecimos a nuestro Señor y Padre, que maldecimos a los hombres creados por Dios a su propia imagen” (Santiago 3: 5-6, 8 y 9).
El chisme-hablar de otras personas, especialmente diciendo cosas malas que pueden o no ser verdaderos—al principio es pequeño. Pueden ser sólo dos personas hablando de otra persona, pero se extiende más allá de las dos personas más rápido que un incendio. Y retirar tus palabras después de que las has dicho… es más difícil de hacer que parar un incendio. ¿Qué puedes hacer acerca de la picadura de los chismes? ¡Autocontrol! Si nunca dirías algo a la cara de una persona, entonces nunca lo digas. ¡Sólo tú puedes detener el incendio forestal conocido como chisme!