La ley y el mal olor

VERSíCULO

Proverbios 31:8

Levanta la voz por los que no tienen voz; ¡defiende a los indefensos!

¿Y si Dios te pidiera hacerlo? ¿Lo harías? Imagínate que eres Moisés. Trataste de ayudar a un esclavo israelita hace mucho tiempo, pero terminaste matando a un hombre y huyendo por tu vida. Apenas escapaste. En los años posteriores conseguiste un trabajo como pastor, te casaste y tuviste dos hijos. La vida te ha salido bastante bien. Ahora Dios ha llegado y ha pedido que volvieras a tu vida anterior para rescatar a los esclavos israelitas.

¿Qué harías si fueras Moisés? No tuvo que escuchar a Dios. Pudo haberle dicho a Dios: “Lo siento, ese no es mi problema. Traté de ayudar una vez, pero explotó en mi cara”. Pero Moisés dijo: “Sí, yo te ayudo”, y pronto se encontró en la corte del faraón diciéndole al rey que dejara ir al pueblo de Dios. Después de 10 plagas desagradables que Dios envió a Egipto, Moisés se encontró al frente de cientos de miles de hombres, mujeres y niños huyendo de Egipto.

¿Qué tiene esto que ver con tu vida hoy? En la historia de Moisés, había tres clases de personas: los agresores, las víctimas y los espectadores. Faraón era el agresor, los esclavos israelitas fueron las víctimas, y Moisés fue el espectador. Moisés tenía una opción para ayudar a los israelitas o no. Moisés tomó la decisión correcta-  se paró frente a los esclavos y enfrentó al matón llamado Faraón. Por supuesto, Moisés no estaba solo. A cada paso Dios estaba allí, dirigiéndolo y animándolo.

En algún momento, puede ser que te encuentres a merced de un matón. Si eso sucede, pídele a Dios que levante a un Moisés para que lo defienda, un espectador que va a enfrentar y detener al agresor. Tal vez puede ser que te encuentres como un espectador, sabiendo que alguien está siendo intimidado. Cuando eso sucede, pídele a Dios el valor de ser un Moisés, de enfrentar y defender a la víctima. La buena noticia es que Dios es más fuerte y más inteligente que cualquiera y con gusto está a tu lado para dirigirte y animarte- ¡pregúntale a Moisés!